El origen del problema

Posted by on jun 15, 2012 | 3 comments

El origen del problema

Al escuchar la pregunta que el presentador formula, Sebastián, el ejecutivo más joven y nuevo del grupo, levanta la mano sintiéndose repentinamente inspirado y creyendo tener la respuesta acertada. Y aunque el objetivo del expositor no es obtener una respuesta específica al interrogante sino más bien lograr que las siete personas que se encuentran en la pequeña sala de juntas reflexionen sobre el tema en cuestión, mira en dirección al joven con cierta curiosidad y con un leve gesto lo invita a realizar su comentario. —No hay nada completo en la vida —responde sin preocuparse por disimular el cinismo que se insinúa en sus palabras—.

Parece que el triunfar en cualquier área requiere siempre grandes sacrificios en otras facetas de la vida.
El apunte pasa desapercibido para la mayoría de sus compañeros, quienes aún tratan de acomodarse alrededor de la gigantesca mesa que da poco espacio para moverse. Las ocho de la mañana no es la hora más indicada para empezar a participar en un taller que va a durar todo el día —piensa Martín, su compañero de oficina quien se encuentra a su lado endulzando una taza de café con la que espera mantenerse lo más alerta posible durante el resto de la mañana. De hecho, cuando Mark lanzó la pregunta al aire, pocos le prestaron atención.

Sin embargo, el joven expositor, cuya edad debe rondar los treinta y cinco años, no parece intimidado ni preocupado con la apatía que reina en el ambiente. Es consciente de que todo proceso de cambio acarrea sus dolores e incomodidades propias. Sabe que un par de semanas atrás, cuando recibieron la invitación del presidente de la compañía a aquel “retiro de autodescubrimiento” de tres días, todos manifestaron su descontento y escepticismo para con este tipo de eventos, que ven como una distracción innecesaria en medio de la etapa de mayor crecimiento de la empresa.

No es tiempo para frenar el paso acelerado al cual se mueve le compañía en el mejor momento desde su fundación —comentó alguien en un email que circuló de manera anónima días antes—. Particularmente en una época cuando muchas empresas enfrentan la peor crisis económica de los últimos cincuenta años. —¡Bueno! Vamos a ver, quiero asegurarme que he entendido bien: ¿Así que usted cree que la razón por la cual hoy por hoy más de un 84% de los profesionales afirman que su trabajo ya no es un reto, que no los motiva y que se sienten en un callejón sin salida, es porque….“nada es completo en la vida?” La pregunta queda flotando en el aire sin que nadie dé la menor señal de querer involucrase en la discusión.

Lejos de amedrentar al joven, el tono sarcástico del expositor, parece estimularlo a mantenerse firme en su posición. —¿Acaso no es cierto? Desde que tengo memoria lo he venido escuchando. ¡Nada es completo en la vida! ¡No podemos tener todo lo que queremos! ¡Hay que hacer grandes sacrificios! ¡Si quieres esto, prepárate a sacrificar aquello!

—Es cierto —se anima Raquel—, todo lo que deseamos lograr tiene un precio, eso es claro. El problema es que con el tiempo nos damos cuentas que ese logro nos salió caro y comenzamos a preguntarnos si en verdad valió la pena pagar un precio tan alto por el éxito. —Ajá —dice Mark mientras se acomoda los lentes, dejando ver que no está nada convencido— ¿Algún ejemplo específico que quiera compartir? Raquel es conocida por ser una trabajo-adicta, como se denomina en la jerga laboral a aquellas personas que no hablan de otra cosa que no sea su trabajo, que hacen más horas extras que cualquier otra persona en la oficina y dan la impresión de disfrutar de su trabajo más que de cualquier otra actividad en su vida personal. Poco le preocupan las críticas ya que como ella misma dice: “No tengo vida personal de todas maneras”. Cuando era más joven, esto no le molestaba; el trabajo le producía más satisfacción y menos estrés que las relaciones. Ahora, a sus treinta y seis años y sin ningún prospecto de una relación estable en el horizonte, se cuestiona si el haber sacrificado su vida sentimental en pos de su éxito profesional no ha sido un precio demasiado alto.

—Cuando tenía veinticuatro años y entré al mercado laboral, sabía que si deseaba llegar donde quería en mi profesión debía estar dispuesta a sacrificar muchas cosas.
Lo único que nunca me imaginé es que doce años más tarde estaría pagando el mismo precio —calla, pero cuando
se dispone a agarrar su tasa de café, recuerda algo más—. Lo peor de todo es que estoy segura que si trato de vivir
más balanceadamente, con seguridad eso será interpretado como que mi carrera me ha dejado de importar.—No hay nada completo en la vida… —murmur

a nuevamente Sebastián, sintiendo que lo que Raquel acaba de decir ratifica aún más su afirmación inicial.

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Fragmento del libro Arquitectura del Éxito.

3 Comentarios

  1. Grasias por escrivir cosas tan valiosas e interesantes que le cambian la vida a las personas :)

  2. MUY INTERESANTE SUS LIBROS Y DEMÁS APORTES, ESTOY MUY AGRADECIDO. MUCHOS SALUDOS DE LIMA PERÚ

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